Compañeras y compañeros del SME:
Antes de escribir cualquier declaración de apoyo, nos dirigimos hacia ustedes con un cálido y combativo saludo revolucionario, sepan que las mujeres y hombres insumisos que suscriben esta carta estamos codo a codo, en las calles con ustedes, en su lucha.
Desde nuestras trincheras libertarias hemos seguido puntualmente el desarrollo de los eventos que culminaron con el teatrito autodenominado “decreto de extinción de Luz y Fuerza del Centro”. En primera instancia hemos de ratificar nuestro apoyo irrestricto a las compañeras y compañeros trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME). Haciendo a un lado el discurso de lo legal, porque de antemano sabemos que la legalidad sirve sólo a quienes pueden pagar por ella, consideramos como táctica impostergable la toma de las calles, de los centros de trabajo, de las universidades. Reconociendo de antemano al SME como uno de los sindicatos más combativos y con mayor presencia en el ámbito social mexicano, pensamos que esta situación adversa que hoy nos tiene en las calles puede servir de punta de lanza para encauzar las luchas por la liberación del pueblo mexicano, creemos que ésta estúpida decisión, alimentada en gran parte por la nunca satisfecha clase empresarial, puede ser el factor que aglutine la inconformidad social. Pensamos asimismo, que es ésta una oportunidad para todo el sindicalismo mexicano, de conjuntar esfuerzos, de refundar los principios del sindicalismo desde sus bases, desde las y los trabajadores, sin dirigencias charras o propatronales, sin negociaciones espurias y SÍ por la toma de las fábricas y su autogestión. Los compañeros en Argentina demostraron en los hechos que la administración de las fábricas y los centros de trabajo por parte de las y los trabajadores es posible. En México existen las condiciones para la Revolución Social, para desembarazarnos de una vez por todas de la clase parasitaria que nos desgobierna y nos aniquila, ya sea con sus balas o de hambre con sus políticas económicas.
Sabemos que las luchas justas no son fáciles ni se resuelven con celeridad; sabemos que las luchas contra el fascismo cobran su cuota de sudor y de sangre y pueden estar seguros que ésta no será la excepción. Por nuestra parte reiteramos nuestro compromiso para con su lucha, que no sólo es suya, sino de todo el pueblo de México. ¡Que las banderas rojinegras ondeen en cada centro de trabajo!


¡¡POR LA EXTINCIÓN DEL GOBIERNO FEDERAL, TODAS LAS SECRETARÍAS DE ESTADO Y EL CONGRESO DE LA UNIÓN!!
¡¡POR EL SINDICALISMO AUTÓNOMO, EL APOYO MUTUO Y LA AUTOGESTIÓN EN LAS FÁBRICAS Y LOS CENTROS DE TRABAJO!!
¡¡EN APOYO IRRESTRICTO A LAS COMPAÑEROS Y COMPAÑEROS DEL SME!!

VIVIR PARA SER LIBRES O MORIR PARA DEJAR DE SER ESCLAVOS

Brigadas de Unidad Revolucionaria
Mujeres y hombres anarquistas y socialistas por la Revolución Social
Sobre el cuerpo de las mujeres, ¿quién decide?

La explotación propia del sistema capitalista se manifiesta de manera brutal en todas partes del mundo, todos los días. La lista de atrocidades e injusticias cometidas y propiciadas por las empresas transnacionales y los políticos que ejercen el poder a través del miedo, el hambre y la miseria, es tan larga que no alcanzan palabras para describirlas. Sin embargo, hay un sector que ocupa uno de los eslabones más bajos en la cadena opresiva y represiva del capitalismo: son las Mujeres quienes se encuentran en uno de los últimos eslabones de esa cadena. En nuestros pueblos (nos referimos a los países tercermundistas, mal llamados países en vías de desarrollo…) la inmensa mayoría de las Mujeres no sólo pertenecen a sectores sociales desposeídos y/o en incertidumbre económica permanente, además se enfrentan a la condición de ser Mujeres en sociedades donde el “nacer hombre” significa nacer con ciertos privilegios. Con todo, es una obligación moral dejar clara una cosa: el enemigo no es el hombre, el enemigo es el sistema capitalista, que basa su existencia en la dominación del más fuerte sobre el más débil. El enemigo es el capitalismo y sus representantes que a lo largo de la historia se han encargado de invisibilizar y someter a las mujeres a través de la omisión, la persecución y la propiedad privada. Como ejemplos, podríamos preguntarnos por qué las Mujeres no figuran en los libros de historia, por qué la santa inquisición perseguía “brujas” y por qué el matrimonio ha sido históricamente un contrato donde la propiedad sobre la mujer esta implícita.

Aclarado el contexto, el pasado 9 de septiembre se aprobó en Oaxaca una “ley de protección a la vida” que penaliza el aborto y pretende proteger “la vida desde su concepción”. Así, suman ya 16 los estados que se insertan en una campaña nacional, emprendida por los sectores más reaccionarios de nuestro país (derecha política y la cúpula eclesiástica), en contra del derecho a decidir de las Mujeres. Sin embargo, la penalización del aborto va más allá de una cuestión meramente legal o de prebendas políticas entre las distintas facciones de los partidos. La situación que hoy sufrimos atiende no sólo a las acciones violatorias de los derechos humanos más elementales, sino también al hecho de que son precisamente los hombres que representan a los sectores más reaccionarios de nuestra sociedad, quienes pretenden disponer sobre el cuerpo de las Mujeres. Y no es todo, a esto debemos sumar las omisiones de una supuesta izquierda oficial que defiende el derecho a decidir sólo cuando este se enmarca dentro de la agenda electoral. Porque fuera de campañas políticas o movimientos tácticos, encaminados a mantener el voto duro de la “izquierda”, el derecho de las Mujeres a decidir sobre sus cuerpos y su maternidad es una cuestión que se “defiende” siempre en un segundo plano. Pero no caigamos en ingenuidades, la avanzada de la derecha panista y la reacción católica, también ha sido posible (además de la timorata defensa de los partidos de centro –que no de izquierda-) gracias a la tibieza de las organizaciones civiles que anteponen la supervivencia presupuestal a la defensa férrea los derechos de la Mujer mexicana. Muchas de las ONG´S que argumentan su razón de ser en la construcción de la equidad de género y la dignificación social de las Mujeres, repiten estructuras jerárquicas propias del patriarcado y anteponen intereses políticos a los intereses del sector que dicen representar y defender.

Por eso, en un escenario social en el que los sectores que acumulan en unas cuantas manos el poder y la riqueza atacan de manera reaccionaria “la interrupción del embarazo antes de las doce semanas”, misma que ni desde el punto de vista católico (“el acto del aborto no se considera homicidio, porque aún no se puede decir que haya un alma viva en un cuerpo que carece de sensación, ya que todavía no se ha formado la carne y no está dotada de sentidos.” San Agustín, On Exudus, 21.80.) ni desde una perspectiva legal (ya que la Suprema Corte de Justicia de la Nación ya ha oficializado que la interrupción del embarazo es legal siempre que se realice antes de las doce semanas de gestación) se considera un acto criminal; no podemos hacer menos que llamar las cosas por su nombre. Y lo que han hecho con sus supuestas leyes de protección a la vida no es otra cosa que la criminalización del ejercicio de un derecho, el cual corresponde única y exclusivamente a la Mujer: la libertad de decidir sobre su maternidad y sobre su cuerpo.

Nos manifestamos abiertamente contra la criminalización de nuestros derechos y llamamos a rebasar a las estructuras jerárquicas patriarcales de aquellas organizaciones que respondan más por sus intereses cupulares que a la creación de condiciones que conlleven a una vida digna para cada Mujer en cada rincón del país. Invitamos también a todas las Mujeres de nuestra nación a ejercer y defender con libertad y sin temor, las acciones que tengan que ver directamente con su cuerpo y su maternidad o su no-maternidad. Pues es un ejercicio que encuentra sustento en los derechos humanos, que además es avalado por nuestra constitución y diversos tratados internacionales. En síntesis: ¡los derechos se ejercen, se arrebatan, pero jamás se mendigan!

Por ultimo señalamos como criminales a todas aquellas personas que haciendo uso de sus “facultades legislativas” (gente que ocupa cargos públicos como diputaciones, regidurías, etc.) atentan contra la vida de cientos de mujeres y contra la salud social. Pero también señalamos como culpables a quienes con sus silencios y omisiones han hecho posible la avanzada de la derecha en el poder.
¡Porque no se puede hacer la Revolución
sin la participación activa de las Mujeres!